Aquí y ahora


A veces cuesta no verlo todo negro

A veces cuesta no verlo todo negro

Una habitación de mi casa, la una y veinte de la madrugada.  Eso es mi aquí y mi ahora.

No puedo dormir.  Tengo ganas de vomitar.

Es posible que conozcas a alguna de esas personas con las que no es necesario parecer agradable, con las que te puedes mostrar tal y como eres.  Una persona que proyecta ilusión por lo que hace, dotada de un humor muy fino e inteligente.  Alguien capaz de hacerte replantear tus ideas sin destruir tus ideales, sino generando nuevos puntos de vista que jamás habrías descubierto por ti mismo.   Alguien que enriquece una conversación con su sola presencia, incluso sin hablar.  En definitiva, alguien con la virtud de mejorar a quienes le rodean.

Pues ese alguien acaba de decirme que tiene cáncer de colon.

No se me pasan las ganas de vomitar.

Mi ateísmo recalcitrante me impide culpar a algún despistado dios de cualquier estúpida mitología.  Ni tampoco al destino, al karma o a las malas energías.  Es una mierda no creer en nada.  Nada te alivia.

¡Con la cantidad de HIJOS DE PUTA (con perdón para las putas) que se merecerían esa mierda de enfermedad, y tiene que sufrirla el que posiblemente sea el tipo más brillante que he conocido en toda mi vida!  (Nota para el afectado: si algún día lees esto, no te hagas ilusiones, no eres mi tipo 😉 )

Sí, tengo ganas de vomitar por el colosal enfado que siento ahora mismo.  La vida es injusta.  Y lo único que se me ocurre hacer para tranquilizarme es escribir aquí, ya que no puedo dormir.

Nunca he sido un buen apoyo, no sé qué decir en estas situaciones.  Sólo pude escucharle bajo la lluvia, preguntar alguna cosa y darle un abrazo.  Pero ahora me siento mal.  Creo que no le transmití ni una chispa de la energía que tantas veces él, quizá incluso sin saberlo, me transmitió a mí.  Y me siento muy en deuda.

Apenas escribo ya en este blog, pero hoy recupera su función terapéutica conmigo, ésa que le dio su sentido original y me hizo llamarlo como se llama.  Hoy necesitaba escribir sobre esto, con la esperanza de que me ayude a superar estas náuseas furiosas que me impiden dormir.

Aquí y ahora, ya pasadas las dos de la madrugada, todo es oscuridad.

Ojalá mañana yo pueda empezar a saldar mi deuda con él y, de algún modo, no sé todavía cómo, sea capaz de “energizar” a ese ser tan especial.  Ojalá yo pudiera funcionar como un “banco bueno” (si eso es posible) y devolverle con enormes intereses esa fuerza que recogí estando a su lado.

Ojalá pueda hacerlo porque la va a necesitar y se merece superar esto.

2 pensamientos en “Aquí y ahora

  1. De un imsomne profesional. La noche es para dormir, cuando no lo haces el mundo da unas vueltas muy raras y al amanecer parece que todo vuelve a su lugar. El dolor no es justo, pero nadie dijo que aquí veníamos a disfrutar y nada más. Es injusto que personas con esa valía como la que cuentas tengan que sufrir de esa forma y yo que soy un cristiano venido del catolicismo pero que no entiendo nada puedo decir aquello de que Dios da más dolor al que puede sufrir más y es igualmente injusto pero verás como esa persona va a ser un punto de apoyo en tu vida más fuerte de lo que ha sido hasta ahora. Cuando murió mi padre, el sacerdote que ofició el responso antes de enterrarlo (mi padre era igual que tú ateo convencido) no intentó hacernos comulgar con ruedas de molino dijo algo así como que: ahora debería deciros que vuestro familiar está con Dios que deberíais estar contento porque es ley de vida y ha pasado a una mejor pero no lo voy a hacer porque comprendo vuestro dolor y sé que eso no os va a reconfortar. Intentad recordar a vuestro padre, a vuestro esposo en los momentos más felices y dejad los que no lo fueron porque no merecen la pena ¿y Dios? Vendrá si tiene que venir a ayudaros en vuestra vida sin él. Pero ahora intentad apoyaros los unos a los otros, estad al lado del que peor lo está pasando, lo demás vendrá solo”. Creo que esas personas, sacerdotes en este caso, son las que merecen la pena, las que viven al lado del sufrimiento humano. Bueno no me enrollo más. Ánimo y como decimos en Málaga, palante siempre palante. Un abrazo.

Quita un poco de mierda de tu cabeza y dime algo:

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