La carrera del psiquiátrico v2.0


De izda a dcha: mosval, Juanjo "el guapo", María, reygecko y pochola (foto hecha por soletegordo)

Igual que hice el año pasado, ahora toca relatar con aires novelescos cómo nos fue en la carrera a los enfermos de este blog.

Lo primero es lo primero: volvimos a utilizar las camisetas con el logo pingüinil que fueron elegidas por votación antes de la carrera del año pasado. No tuvieron tanto éxito como en esa ocasión, pero también hubo algún corredor que nos dijo que le gustaba mucho el diseño.

Este año no corrió Splitbrain (para correr sin la camiseta, como hizo el año pasado, mejor no correr) pero sí corrió Fayrlane. Aunque él prefirió correr con algún jefe suyo para hacerle la pelota y, por tanto, no tenemos foto juntos.  Tampoco corrió Nando, aunque presentó baja médica justificada, así que no le vamos a sancionar obligándole a usar Windows y a comprar cosas de Apple.  :mrgreen:  Pobrecito mío.

Los demás, los más valientes, estábamos preparados para cualquier cosa.  ¿Acaso no da esa sensación viendo la foto en la línea de salida? 😉

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Actitud en vez de aptitud


Esta ardilla preferiría unas bellotas, pero como no tiene... ¡pues a comer tarta!

(De nuevo toca un post psiquiátrico. Estoy ahorrándome un pastón en consultas…)

Hace ya unos meses que elgarro me recomendó un vídeo de un tal Emilio Duró [1]  que trataba sobre el optimismo y la ilusión.

No es que fuese una epifanía, pero sí que me terminó de convencer de algo que ya iba yo madurando en mi interior desde hace tiempo: lo que realmente importa es la actitud.

¿Significa eso que la actitud es más importante que la aptitud? A la hora de elegir a alguien para un puesto de trabajo, ¿es preferible alguien con buena disposición que alguien con buena formación? La cosa tiene su miga.

Está claro que un cirujano tiene que saber dónde cortar, dónde coser, y cómo hacerlo. Pero fuera de casos muy concretos, sin dudarlo, pienso que es mucho más importante la actitud.

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Todos iguales. Y punto.


A este niño de 5 años se le da fenomenal tocar el piano. Pero lo tiene difícil.

La igualdad mal entendida puede ser algo terrible.

Una de las cosas que yo pensaba cuando tenía 20 añitos era que uno iba al colegio para desarrollar sus capacidades y poder dedicarte a lo que más te gustase.

Pero ya no pienso así.

Ahora creo que vamos al colegio para convertirnos todos en unos perfectos borregos. Muy parecidos todos entre sí, cuanto más mejor. Pero borregos. Es la igualdad mal entendida.

Si un niño de dos años es capaz de dar 50 toques de balón sin que caiga al suelo, todos estaríamos de acuerdo en que debería apuntarse a un club deportivo donde tendría oportunidad de explotar su habilidad.

Del mismo modo, si una niña que recién aprendió a andar, es capaz de hacer unas increíbles acrobacias gimnásticas, todos apoyaríamos que se le concediese una beca para desarrollo deportivo.

Sin embargo, si un niño (NOTA: no me sale de las narices ir diciendo niño/niña, todos/todas, ellos/ellas, llámame machista si te da la gana y revienta con tu corrección política, ignorante) destaca en cálculo matemático, o en física, o en aptitudes musicales… pues que se joda ese niño.

Hacer que un niño utilice su cerebro antes que los demás niños de su clase es discriminatorio.  Todos iguales, todos mediocres.

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Apple, la marca del paleto


Seguro que conoces algún "Appaleto". ¿Lo eres tú?

A finales de los años 80 y durante los 90, me fijé en algo que me parecía muy curioso: ¿qué hacía un paleto en cuanto tenía dinero? Comprarse un Mercedes.

Ojo, no se compraba un coche. Se compraba un Mercedes. No te decían “te llevo en mi coche” sino “te llevo en mi Mercedes”.

Ese paleto, obviamente, no pretendía comprar un coche sino un estatus social, un escaparate que pudiese identificarlo de forma visible e inequívoca como perteneciente a un estrato social o económico muy bien situado.

Por ese motivo, durante muchos años, yo consideré a Mercedes como “la marca de los paletos que se quieren comprar un coche”.  Hace años que eso ya ha cambiado y ahora, si quieres comprar un estatus, deberías comprar un Ferrari, un Porsche o (si tienes mejor gusto) un Aston Martin, por ejemplo.

Pues eso mismo, trasladado a la tecnología, lo encuentro hoy con la marca de la manzana mordida.

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39 añazos…


Mi tarta cumpleañera (clic para ampliar)

Pues sí, 39 tacos ya.  Menos mal que no soy supersticioso, porque eso de tener 13 veces 3 años seguro que da mal fario.

Aunque haya a quien le suene raro, yo suelo olvidar la fecha de mi propio cumpleaños.  Hoy no ha sido una excepción.

Me levanté a las seis y cuarto para estudiar antes de ir al trabajo.  No me acordaba de qué día era.

Ya en el trabajo, fiché, eché un vistazo a unos tomatitos que tengo plantados en un macetero, hablé con el compañero de la emisora sobre un problema que tenía con su ordenador y subí a cambiarme de ropa a mi taquilla.

Allí, poco después, llegaron un par de compañeros (muy bajitos) que se abalanzaron sobre mí como fans de Bisbal para tirarme de las orejas.  Entonces fue cuando recordé la fecha.

Más tarde, el cachondo de mosval y otra compañera (a la que llamo “la psicópata de la escoba”, algún día quizá escriba sobre ella) me regalaron la tartita de la derecha.  Sabiendo que soy linuxero por convicción, son unos cachondillos ¿verdad? Aunque, eso sí, podría haber sido muuuucho peor. 😕

Lo dicho.  Hoy cumplí “treintaytodos”.  Mañana será otro día…

 

Cuestión de competencias


El que avisa no es traidor...

(Hoy, una vez más, toca entrada terapéutica.  Estás advertido, sigue leyendo bajo tu propia responsabilidad)

Estoy aburrido de repetirlo, pero a veces tengo que hacerlo.  Incluso gritándolo.  Hoy voy a tratar de ser claro y conciso, que me cabreo.  A ver si lo consigo.

¿Estás hablando en castellano y dices “Girona” (pronunciado Yirona) en vez de “Gerona”? ¿Dices “Ourense” y “Lleida” en vez de “Orense” y “Lérida”, respectivamente? Pues eres un IGNORANTE.

Si lees esta entrada y, sin tratar de razonar o discutir nada, sigues haciéndolo, entonces eres un TERCO IGNORANTE.

Vamos por partes…

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