Matemáticas vs Medicina


(clic para ampliar) Pues yo entiendo este chiste y tengo amigos... creo 😦

Leyendo una entrada muy interesante en la web de un antiguo compañero de instituto (¡¡saludotes, monstruo, a ver si concretamos la kedada!! ) me he acordado de algo que leí hace mucho tiempo en algún lugar de la Mancha… bueno, sería en otro sitio, pero lo que importa es el contenido, no el continente, no seáis tiquismiquis.

A lo que iba, me he acordado de algo que me pareció interesante cuando lo vi en la facultad de matemáticas: el motivo por el que no es buena idea hacer determinadas pruebas médicas bastante chungas (por ejemplo, la prueba para detectar el cáncer de colon) a toda la población.

En principio, uno podría pensar que, si se realizan esas pruebas a todo el mundo, se prevendría la enfermedad y podría tener tratamiento en muchos casos que, de otra forma, son ya incurables.

Bueno, pues no es así.  ¿Quieres saber por qué?

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La píldora del día después


La mamá de este señor quiso usar la píldora del día después y no la dejaron.  ¿Sigues estando en contra?

La mamá de este señor quiso usar la PDD y no la dejaron. ¿Sigues estando en contra? :mrgreen:

Nuestra querida Femaesa ha parado unos momentos de machacar con la bicicleta a elgarro y me ha mandado un artículo interesantísimo sobre la famosa píldora del día después.  Y como es una chica sensata y además es farmacéutica, pues creo que es una opinión muy cualificada en este tema.

Yo, por desconocimiento,  no tengo una opinión bien formada sobre esa píldora.  Pero hay algo que no entiendo: que se pida receta para un anticonceptivo oral y no se pida receta para la PDD.   No sé, algo no encaja…
A mí me ha encantado su artículo y como soy un dictador emoticono-rey sin pedir permiso a nadie más que a ella, aquí os lo pego:

“En estos momentos me encuentro dividida entre dos sentimientos: rabia e impotencia.  Rabia porque me obligan a hacer mal mi trabajo, e impotencia por no poder hacer nada al respecto.”

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Candelas, mi doctora


doctora11Candelas debe tener unos 40 años, pero resulta difícil adivinar su edad.

Delgada, muy nerviosa, con unos ojillos brillantes de inteligencia apenas escondidos detrás de unas minúsculas gafas,  en pelea constante con el ordenador de su consulta y con una acogedora sonrisa para sus pacientes.  Así es como la encuentro siempre.

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Buenas vibraciones


¿A que parece estar esperando su turno para fumar unos porros?

¿A que parece estar esperando su turno para fumar unos porros?

Eso es lo que me transmite la imagen del doctor Pedro Cavadas.  Buenas vibraciones, una gran serenidad y (no sé por qué, pero así es) una enorme sensación de seguridad en sí mismo.

Este señor es el responsable, entre otras mil historias más, de que una persona tenga un rostro donde antes no había más que cicatrices.  Y por ese motivo aparece ahora en televisión y en prensa, mucho más de lo que le gustaría (o eso supongo, de nuevo por esas vibraciones que me transmite).

Pero no es ésta la intervención más importante del Dr Pedro Cavadas, aunque quizá sea la que más repercusión haya tenido en los medios.

Este cirujano, por ejemplo, consiguió reimplantar un brazo amputado en un paciente tras “mantener con vida” ese brazo mediante una conexión con las arterias de una pierna de ese mismo paciente.

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La chispa de la vida


Esto debe ser "chispar" a alguien

Esto debe ser "chispar" a alguien

Mi madre no tiene una salud muy brillante. 😦 Tiene una prótesis en lugar de su propia rodilla izquierda, casi no ve nada por un ojo, es diabética, tiene hipercolesterolemia, está gorda (recia, como diría mi amiga Vir), le faltan muchos dientes… es lo que yo denomino una persona “full equip”, lo tiene todo de serie.

Pues entre todas esas cualidades, mi madre también tiene afectado el corazón.  Así que una serie de arritmias y taquicardias la han llevado hace pocos días a ingresar en el servicio de urgencias del Hospital.  Allí, tras tratarla con todo tipo de medicinas, no consiguieron bajar sus pulsaciones de 120, y eso es mucho para una persona de 75 años.  La doctora, una chica joven y muy simpática, me llamó sobre las once y media de la noche:

Dado que no responde a la medicación y mantiene su taquicardia y su arritmia, creemos que lo mejor es chisparla.  Es un procedimiento sencillo y eficaz, con los mejores resultados.

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Todos somos humanos, ¿verdad?


Hoy no hay foto.  No hay reflexiones extrañas  ni pajas mentales.  Solo os dejo un enlace a una de las mejores entradas en un blog que he leído nunca.

Es una entrada que hace un médico de familia que leo hace tiempo, merece mucho la pena emplear unos minutos en leerla.

El enlace, AQUÍ.

Gracias por joyas como ésta, Dr. Bonis. 😀

El mal uso de la sanidad pública


msn-medicoHoy me sale de las narices escribir sobre algo que llevo mucho tiempo pensando y que últimamente he tenido ocasión de comprobar: el mal uso que, en general, hacemos de la sanidad pública.

Pondré un ejemplo de lo que quiero decir.

Una familia está en casa y su niño no está, como es su costumbre, revoloteando por toda la casa, chinchando al perro, saltando sobre los sofás ni tocando ese tambor que le regaló el padre cabronazo de un amigo del colegio.  No.  El niño está quieto, tumbado sobre un montón de cojines.  Y lo más raro es que no está jugando con la consola, que es con lo que se le tiene entretenido toda la tarde para que no moleste.

MADRE – Pepe, a tu hijo le pasa algo. (¿No es curioso que los padres digan “tu hijo” cuando hablan de él al otro progenitor? ¡Como si ellos no tuviesen nada que ver!)

PADRE – Sí que es raro, sí… ¿qué te pasa? ¿Te duele la cabeza?

NIÑO – Gñññññ… sí… bfffff…

M – Ponle el termómetro a tu hijo, anda, haz algo.

Le ponen el termómetro y descubren que el niño tiene fiebre.  37,8º para ser más exactos.

En este momento es cuando saltan las sirenas, las alarmas antiaéreas, se paraliza la bolsa, se detienen los pájaros en el aire, se congelan los infiernos y se impone el toque de queda en las calles.  EL NIÑO ESTÁ MALO.

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