Habitación 452


Un pasillo cualquiera de un hospital cualquiera...

Nochebuena de 2010.

Acompaño a mi padre por los pasillos del hospital de Getafe, en Madrid.  Mientras vamos andando despacio y en silencio, me invaden unas familiares de ganas de salir corriendo de allí.  Siempre me pasa cuando voy a un hospital, no tiene importancia.

Al fin llegamos a la habitación 452.  Allí, reclinada en una cama, está su madre, mi abuela.  Y con ella casi un siglo de recuerdos, historias, vivencias y momentos.

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La chispa de la vida


Esto debe ser "chispar" a alguien

Esto debe ser "chispar" a alguien

Mi madre no tiene una salud muy brillante. 😦 Tiene una prótesis en lugar de su propia rodilla izquierda, casi no ve nada por un ojo, es diabética, tiene hipercolesterolemia, está gorda (recia, como diría mi amiga Vir), le faltan muchos dientes… es lo que yo denomino una persona “full equip”, lo tiene todo de serie.

Pues entre todas esas cualidades, mi madre también tiene afectado el corazón.  Así que una serie de arritmias y taquicardias la han llevado hace pocos días a ingresar en el servicio de urgencias del Hospital.  Allí, tras tratarla con todo tipo de medicinas, no consiguieron bajar sus pulsaciones de 120, y eso es mucho para una persona de 75 años.  La doctora, una chica joven y muy simpática, me llamó sobre las once y media de la noche:

Dado que no responde a la medicación y mantiene su taquicardia y su arritmia, creemos que lo mejor es chisparla.  Es un procedimiento sencillo y eficaz, con los mejores resultados.

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El mal uso de la sanidad pública


msn-medicoHoy me sale de las narices escribir sobre algo que llevo mucho tiempo pensando y que últimamente he tenido ocasión de comprobar: el mal uso que, en general, hacemos de la sanidad pública.

Pondré un ejemplo de lo que quiero decir.

Una familia está en casa y su niño no está, como es su costumbre, revoloteando por toda la casa, chinchando al perro, saltando sobre los sofás ni tocando ese tambor que le regaló el padre cabronazo de un amigo del colegio.  No.  El niño está quieto, tumbado sobre un montón de cojines.  Y lo más raro es que no está jugando con la consola, que es con lo que se le tiene entretenido toda la tarde para que no moleste.

MADRE – Pepe, a tu hijo le pasa algo. (¿No es curioso que los padres digan “tu hijo” cuando hablan de él al otro progenitor? ¡Como si ellos no tuviesen nada que ver!)

PADRE – Sí que es raro, sí… ¿qué te pasa? ¿Te duele la cabeza?

NIÑO – Gñññññ… sí… bfffff…

M – Ponle el termómetro a tu hijo, anda, haz algo.

Le ponen el termómetro y descubren que el niño tiene fiebre.  37,8º para ser más exactos.

En este momento es cuando saltan las sirenas, las alarmas antiaéreas, se paraliza la bolsa, se detienen los pájaros en el aire, se congelan los infiernos y se impone el toque de queda en las calles.  EL NIÑO ESTÁ MALO.

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Requetetío


Hoy he sido tío por 5ª vez.  Vaya, parece que mis hermanas definitivamente se hicieron cargo de que la media nacional de 1,2 niños por pareja (¿era así?) aumente hasta un número entero jejeje… 😉 además, por fin parece que la gente va olvidando la típica frase de “y tú qué ¿no te animas?”.  ¡Joder, ni que uno fuese con cara de desanimado por la vida, con lo alegre que yo soy! Lo dicho, parece que ya van aceptando mi decisión de no tener niños.  Y eso se agradece, le hace sentirse a uno menos “bicho raro”.

Bueno, a lo que iba: el parto ha sido por cesárea en el hospital Quirón de Madrid.  Ni siquiera sabía que existía ese hospital, pero debe tener una cierta fama entre el marujeo porque (según me contó mi hermana) allí es donde parió una infanta o algo así.  Lo cierto es que se veían cochazos en el aparcamiento, borja-maris danzando por los pasillos, mucha conversación en inglés y mucha leche.

Ya en algo más práctico, lo que más me gustó del hospital es que tenían habitaciones individuales.  Eso se agradece siempre en un hospital, donde la intimidad y la dignidad del paciente parece que no importan demasiado.

Sin embargo, me llamó la atención (y mucho) que en un sitio de tan “alto standing” como se supone que es ese hospital, no tuviesen una puñetera red wifi abierta para sus pacientes.  Ni tampoco tenían una miserable toallita con la que envolver el recién nacido: antes del parto le piden esa ropa a los padres.

Además, me encontré con esta joya en el garaje (pinchar para ampliar):

Como se ve, se puede tener un sitio de altísimo nivel y, sin embargo, no saber poner “restringido”.  En fin, lo importante es que niño y madre están bien.  Aquí empieza su historia. 🙂