El merecido descanso


Mi abuelita

Mi abuelita

Hace tiempo que no escribo nada en este blog.  Y hace todavía más tiempo que no escribo sobre mi abuela.  Hoy lo haré.

Catalina Muñoz Romero.  Ése es el nombre de mi abuela, la mujer de mirada directa, sincera y vidriosa que aparece en la foto de la izquierda.

El domingo la enterré.

Con 102 años, a una semana de cumplir 103, mi abuela ya no pudo más.

Es difícil de explicar, pero mi primera reacción al enterarme fue de alegría.  La pobre estaba viviendo sobreviviendo en unas condiciones que nadie en su sano juicio querría para sí mismo.  Su vida no tenía ningún aliciente, ninguna alegría, nada que la llenase de gozo o, al menos, que la animase a ver salir de nuevo el sol.

Estaba triste y sufría.  Porque, además, era consciente de ello.

No siempre, claro.  102 años pasan factura.  Pero demasiadas veces todavía, mi abuela era consciente de su estado.  De su dependencia total y absoluta respecto de sus cuidadores.  De su falta de autonomía, también absoluta.  De su soledad.  De la tristeza que todo ello produce.

Quien diga que lo importante es que un abuelo tenga bien la cabeza, yo le digo que se equivoca.  Eso sólo es importante si el resto del cuerpo te da alguna opción.  Pero no se me ocurre nada peor que estar encerrado en tu propio cuerpo, en tu cuerpo viejo, cansado y enfermo, esperando que alguien venga a cambiar tu pañal, a tumbarte para otro lado, a inyectarte los nutrientes en sangre… y ser consciente de ello.

Eso no es vida.  Eso es algo terrible.  Por eso no lloré cuando mi abuela murió.  No deseo esa vida para mis seres queridos.

Ya pasó todo.  Por fin, ya pasó todo.

5 pensamientos en “El merecido descanso

  1. Yo dije lo mismo cuando mi padre murió. 2 meses medio en coma después de 7 años con una trombosis horrible, infarto, cáncer, etc y pensé mejor que se haya ido. Por eso te entiendo. Sólo te puedo decir que mucho ánimo y que como decimos en Málaga palante siempre palante. Un abrazo fuerte.

  2. Cuando dejaremos de ponerle “años a la vida” en lugar de “vida a los años”.
    No importa los años que vivamos si los vivimos disfrutando cada momento,pero sobrevivir cuando no eres dueño de tu cuerpo no parece muy digno.
    Me alegro por tu abuela,ojalá empezáramos tod@s a darnos cuenta de que la muerte sólo es una transición,que desde que nacemos ya la tenemos segura y todo es un “caminar” hasta alcanzarla.
    Tal vez así,no la temiéramos y dejaríamos de intentar alargarla en lugar de disfrutarla plenamente.
    Un abrazo

  3. Ey, pase por lo mismo con mi abue hace poco también … te entiendo perfectamente y de seguro ya está mucho mejor que todos nosotros y disfrutando donde quiera que sigamos después de dejar este mundo.

    Animo … aunque viene un poco tarde y a darle caña!!!

    Abrazo!

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