Teoremas infantiles


¿Qué pasa por la cabeza de un bebé?

Con la experiencia acumulada a través de laaaaargos años, creo que hay una serie de teoremas infantiles (llamémoslos así) con los que todos, de forma directa o indirecta,  nos hemos encontrado alguna vez.

Aquí recojo unos cuantos que se me vienen ahora mismo a la cabeza.  Quizá tú podrías añadir alguno más.

Teorema 1: La belleza física de un bebé es inversamente proporcional a las veces que la gente que lo ve por primera vez le llama “gracioso”.

Esto es indudable.  Si el bebé es un horror de niño, si resulta difícil mirarle sin que te lloren los ojos, si al verlo piensas que es una broma de cámara oculta y que (después de las risas) te enseñarán al niño auténtico y no a ese adefesio, entonces es muy probable que escuches repetidas veces eso de “¡Uy, mira qué gracioso!”.

En definitiva: los adultos tienden a decir “gracioso” a un niño por no llamarle “horroroso”.  Al menos delante de los padres, porque luego la cosa cambia…😉

Teorema 2: Cuando un bebé se mueve, provoca.

Este teorema, que podría haber sido formulado por un pederasta, es muy sencillo: si un bebé abre los ojos y mira en tu dirección (que no es lo mismo que mirarte, supongo yo) no tardarás en escuchar a alguien que te dice “mira, te está provocando para que le digas algo”.

¡Vaya! ¿Así que me está provocando? ¿Tan pequeño y ya con argucias? Está bien… entonces le sostengo la mirada y le suelto una frase de Heráclito: “Del todo nace el uno y del uno nace el todo”.  Y el resto de la gente te mirará como si te acabases de comer una babosa.  Corolario: responde a esa provocación infantil diciéndole al bebé lo mismo que le diga otro adulto antes que tú.  Corolario 2: Si eres el primer adulto en responder a esa provocación, tienes un problema.

Teorema 3: Los pedos de los bebés hacen gracia.

Y las mierdas son una fiesta.  ¡Oleeee, mi niño ha hecho caquitaaaaa!

Sin embargo, eso no significa que debas imitarle, estarías malinterpretándole.  Por lo tanto, si has estado todo el día aguantándote una flatulencia equina, de esas que servirían para despertar a los vecinos en una noche tranquila, no te tires el pedo.  Repito: no te peas.

Al revés de lo que uno podría suponer, la escalada de pedos no servirá para animar aún más el ambiente, aunque fuera esa tu intención.  La gente no coreará tu nombre ni se reirá, no esperes felicitaciones aunque haya sido un pedo magistral.  Simplemente ríete cuando un bebé se pea, es lo que la sociedad adulta espera de ti.

Podría añadir más teoremas y, de hecho, lo haré.  Pero ahora me voy, que tengo ganas de desayunar y cagar, no necesariamente en ese orden.

Foto: aquí.

4 pensamientos en “Teoremas infantiles

  1. Lo del peque gracioso cuando es un adefesio es comparable a cuando tienes una cita a ciegas; luego te preguntarán qué tal era la muchacha (muchacho para ellas que se me enfadan) y cuando sueltas eso de “muy simpática” pues ya sabemos, feita.

  2. Si Reygecko sabe mucho de este tema. De pequeño se le conocia como “el gracioso del barrio”. Luego se rapo la cabeza y… ya no le reconocia nadie

Quita un poco de mierda de tu cabeza y dime algo:

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