El viejo Philip (relato breve)


El viejo Philip siempre caminaba despacio. Los días de lluvia andaba lentamente con la pipa apagada en su boca, su aspecto reflejaba una cierta elegancia venida a menos, como si el peso de los años hubiese podido con su imperturbable tenacidad.

Se decía que era un hombre sabio y también triste. Siempre se hablaba bien de él: era educado y ayudaba a los demás dando consejos que se sostenían en su larga vida llena de experiencias. Pero cualquiera que haya conocido al viejo Philip te dirá que algo le pasaba. Yo también la vi, esa mirada triste, esa melancolía en el fondo de sus profundos ojos negros, como si supiese una terrible verdad y viviese con esa carga. También había ternura y compasión en esos ojos negros, en infinitas cantidades. Quizás por eso era respetado por tanta gente.

Acudí a él en mi juventud para pedirle consejo. Mis pasos me llevaron hacia un bloque de edificios viejo y cochambroso. Me habían dicho que podía subir directamente a su casa, al parecer el buen hombre vivía solo en un edificio de siete plantas, solo en un único piso. Mientras subía las escaleras me mentalizaba para encontrarme una casa llena de suciedad y porquería, por eso, cuando vi aquel hogar tan ordenado y limpio, aquel oasis de cultura arte, lleno de libros, pinturas y mapas me quedé asombrado. Me hizo pasar hasta su particular biblioteca y me ofreció asiento en una butaca de cuero desgastado, pero firme al paso del tiempo. Se sentó en una butaca homónima enfrente de mí, se ajustó sus anteojos y me habló con una voz suave.

-¿Y bien chico, qué es lo quieres preguntarme?

– Verá señor Philip, había oído que usted daba buenos consejos y me gustaría que me orientase… -balbuceé con voz tímida ante una persona que inspiraba tanto respeto-.

El viejo Philip bajó la mirada y sacó una pipa del bolsillo de su chaqueta, después encendió una cerilla y chupeteó la pipa hasta que empezó a salir un humo gris y espeso. Se acomodó y me miró.

-¿Sabes quién es Sócrates? –exclamó mientras guardaba las cerillas en su bolsillo.

– Un filósofo, creo… – contesté extrañado por aquella pregunta-.

– Puede que ahora estés extrañado por mi pregunta – respondió como si leyese mi pensamiento – pero todo tiene su motivo. No estoy aquí para enseñarte filosofía y aunque te parezca extraño tampoco estoy aquí para darte consejos. Sócrates fue un filósofo que creía que el conocimiento era innato. Tenía la firme convicción de que uno no aprende, sino que tan solo recuerda. Según él podíamos recordar lo que nuestra inmortal alma había aprendido en el mundo de las ideas.

– ¡Vaya!- Exclamé extasiado por esa bella idea- ¿Pero qué tiene que ver Sócrates conmigo?

– Yo pienso como Sócrates. –Dijo mientras se dibujaba una sonrisa en su arrugada cara-.

– No lo entiendo señor- respondí con un hilo de voz tímida.

– Verás hijo, muchos son los que aquí vienen, muchos son los que se han sentado en ese sillón a pedirme consejo como tú lo estás haciendo. ¿Sabes acaso porque soy tan bueno dando consejos?

– Supongo que porque gracias a su edad tiene mucha experiencia sobre la vida – exclamé sonrojado sin poder mirarle a los ojos-.

El viejo Philip se levantó y se quedo delante de la ventana, mirando a través de ella el cielo ennegrecido.

-Parece que va a llover – dijo con una voz dulce y compasiva-.

Se produjo un silencio, fumó dos caladas de su pipa, y sin moverse del lugar siguió hablando.

-El motivo por el que doy buenos consejos es porque no los doy. Yo creo que la gente tiene la respuesta en su interior. Cuando alguien viene a pedirme consejo, yo simplemente actuó como una comadrona. Habló con él, dejo que me cuente sus penas y sus alegrías y tan solo me ocupo de ir haciendo las preguntas correctas para obtener las respuestas correctas. No existe el consejo perfecto, pero sin duda el mejor es el que tú mismo te puedes dar. Tú tienes la respuesta en tu interior, sólo debes recordar. – Se giró, y se sentó en la butaca. Se acomodó acercando su postura hacia mí-. La experiencia no deriva de los años, sino de la buena observación. Uno puede tener mucha experiencia si abre bien los ojos, si mira a su alrededor con curiosidad y fascinación. Eres joven y tienes muchas preguntas, pero no te preocupes por eso. Con el paso de los años no las resolverás y de hecho, cada vez tendrás más.

-¿Entonces – balbuceé suavemente- nunca encontraré solución a mis preguntas?

– Probablemente no, pero lo bueno de una pregunta no es la respuesta, sino aquellas cosas que te enseña la misma pregunta. Es más importante el camino que el destino, recuérdalo siempre.

A partir de aquí la conversación siguió durante horas, el viejo Philip me ayudó, o mejor dicho, me ayudó a ayudarme. Se convirtió en un padre para mí. Y ya entrado en la adultez, seguí yendo a su casa para pedirle consejo y hablar con él hasta que un día murió.

En verdad era un hombre extraordinario. En verdad era un hombre compasivo y amable. Jamás descubrí a que se debía la tristeza de sus ojos, pero pocos días antes de morir, el señor Philips estuvo distinto, como si supiese el fatal destino. Yo creo que simplemente se resignó, simplemente aceptó que todo tenía un principio y un final, que existían demasiadas preguntas y muy pocas respuestas. Pero él era un hombre satisfecho con su vida y tenía una conciencia limpia. Esté donde esté, estoy seguro de que está bien. Siempre  recordaré sus ojos el ultimo día que lo vi. Negros, como siempre, pero brillantes como el azabache. Aquellos ojos no tenían una sombra de tristeza y él me sonrió todo el tiempo. No nos despedimos, él sabía que no nos volveríamos a ver y yo también.

-¿Así es como usted llegó a convertirse en un hombre tan sabio?

– Sabes hijo, me recuerdas a mí el día que fui a visitar al señor Philip por primera vez: te doy respeto y apenas te atreves a mirarme a los ojos. – le dije en tono burlesco- Pero no te preocupes pequeño, estoy aquí para darte consejo.

10 pensamientos en “El viejo Philip (relato breve)

  1. Pues a mi me ha gustado la historia. Si no te gusta te vas al 20minutos o elpais.es ahí si que hay historias de “película”…

  2. Para el posible navegante que nos regala su visita tengo que hacer recordar cúal es el espíritu de este blog. Reygecko tuvo la idea de crear un lugar donde todos pudiéramos contar las cosas que necesitamos sacar de dentro, donde nadie criticara el hecho de hacerlo sino que mostrase su opinión para enriquecernos.
    Belén (¿O es belen tal cual?), tu opinión siempre será bienvenida sea del signo que sea, pero “buffff… infumable… :S esto cada vez decae mas….” no llega ni a la categoría de opinión, es más un erupto (costumbre sana por otro lado si lo que expulsas son gases y no palabras) que una opinión medianamente argumentada.
    Ésto no es una secta en la que todos estemos de acuerdo con cada una de las entradas, pero sí es un lugar donde todos nos respetamos más alla de lo que cada uno considere contar. Si a uno no le gusta lo que ha leido puede hacer al menos dos cosas: No opinar nada o hacer un comentario o crítica constructiva de lo leido. Nadie escribe aquí con la intención de agradar a miles de personas sino con el interes de transmitir a los demás alguna inquietud (del tipo que sea) que necesita sacar a la luz.
    P.D.: Debo reconocer que al comenzar a leer la entrada me ha sorprendido y reconforta saber que entre tanto colaborador garrulo (bais, bais, atrás… no mordais, yo el primero 🙂 ) hay un artista. Vas a tener que subirle el sueldo otra vez Rey 😉 .

  3. No sé de qué os quejáis porque belen (sin tilde y en minúsculas) diga que “esto cada vez decae mas…”. Personalmente, no me molesta. Es más, lo considero un halago puesto que implica dos cosas: que lleva tiempo leyendo el blog y que pensaba que antes estaba mejor.

    En mi opinión, ya que acabo de leer la entrada de Sceet y me ha parecido muy buena, si ella piensa que es peor que otras anteriores, eso habla muy bien del blog.

    Volviendo al tema, buena entrada Sceet. 😉

  4. Vamos a dar una explicación a todo esto.”El viejo Philip” es una historia que escribí a modo de trabajo cuando hacía 2 de bachillerato. Hace poco, revolviendo entre montañas de papeles lo encontré y me llevé una buena sorpresa. Lo reconozco, soy de números, y mi calidad literaria es bastante mala. Mientras transcribía la historia se me ocurrieron varios cambios para hacerla un poco mejor, pero al final decidí no tocarla para conservar lo que en aquel momento debía pensar. Debo decir que publiqué esto con cierto recelo por si a alguien no le gustaba y la verdad es que el comentario de Belén me desanimó un poco…
    Lo importante, creo yo, es que escribí la historia porque en esos momentos necesitaba un viejo Philip. Debía escoger una carrera y no tenía la más repajolera idea de que, ni siquiera sabía si quería ir a la universidad. El viejo Philip representaba para mí la experiencia, aquello que con 18 años uno tanto necesitaría y de lo que uno tanto carecía. Siento a quien no le haya gustado y me alegro a quienes si lo haya hecho, pero en el contrato millonario que firmé con Reygecko se estipulaba la libre publicación de tonterías y pajas mentales varias, y así lo haré por los siglos de los siglos.

Quita un poco de mierda de tu cabeza y dime algo:

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