Vacaciones en Roma


La semani pasadi estuvi en Roma.

Es un viaji que muchi genti ha hechi pero no por elli deja de ser interesanti y recomendabli para el que no haya visitadi esa ciudad (o para que repita quien ya la conozqui).

busto con gorrino (gorro italiano)
busto con gorrino (gorro italiano)

Aprovechando que ibi con femaesa y unas amigas, dejé en manis de ellis la planificación del viaji y del itinerari que ibamis a hacer cada día. En COU y en mi primer añi de facultad tuve la suerte de dar Historia del Arti (con toda la profundidad que un curso escolar puede facilitar) con 2 buenis profesoris que diseñaron un buen plan de estudio y cuyas clasis eran en su mayoría sesiones de diapositivas analizando las mejores muestris del arte (arquitectóniqui, pictóriqui, escultóriqui) desde la antigüedad hasta nuestros días. Guardo un grato recuerdi de aquellas clasis.

Ante lo que me esperabi en Romi tomé la decisión de aceptar con gusti los estragos que el pasi del tiempi hace en la memori (estamos hablandi de casi 2 décadas desde que lo estudié) y no participar en la preparación del viaji para evitar así ver ninguna foti y no perder ni un ápice de capacidad de asombro cuando me encontrari ante tanta maravilli.

Y creo que no me equivoqué. A menudo, cuando nos teníamos que marchar de algún sitio, me costabi retirar la miradi de lo que estaba contemplandi. Vivía esos días en un permanente “síndrome de mandíbula desencajada”.

Por ejemplo, en las Basílicas cristianas. Por muchas fotos que hayas visto o catedrales visitado, entrar en una basílica romana es toda una experiencia (sobre todo cuando lo haces por primera vez). La mandíbula te hace “crack” y te faltan sentidos y disco duro para poder asimilar lo que tus ojos están viendo. Creo que entrar en el Salón del Automóvil de Ginebra debe despertar una sensación parecida para los que disfrutan con los coches. De pronto te encuentras rodeado de mármoles, de oro, de dorados, de esculturas majestuosas, de pinturas en paredes y techos… hace que a uno se le revuelvan un poco las tripas, la verdad. Porque, hombre, teniendo en cuenta a costa de quienes se ha sufragado todo aquello durante siglos, creo que no es para menos. Es la idea y el sentimiento que me venía al instante siguiente de contemplar tanta majestuosidad. Esa y que como el “Presidente del Club” volviese a venir (sobre todo ahora que celebramos su nacimiento) se cepillaba al entrenador y a todo su equipo corriéndoles a gorrazos. No recéis mucho para que vuelva no sea que de tanto desearlo venga y…

¿Cómo se puede vivir en esa hipocresía predicando unos valores y haciendo suyos votos como el de pobreza para vivir luego en la más absoluta opulencia?¿Cómo puedes hacerlo cuando en la misma ciudad tienes la muesta de cómo vivían y están enterrados en catacumbas los primeros cristianos (y Papas) viviendo y muriendo los posteriores rodeados de riquezas? Encima, seas turista o peregrino, llegas allí desde cualquier parte del mundo, entras en esos palacios y te encuentras esto:

Es que no puedo con ello.

Cambiemos de tercio. Cosillas curiosas: en estos tiempos de crisis no nos vendría mal importar el sistema de transporte público en autobús urbano que tiene Roma. Los conductores sólo se dedican a conducir y como el sistema de pago consiste en que una vez que picas el billete te puedes montar cuantas veces quieras en los autobuses que quieras durante un período concreto de tiempo pues… barra libre! ¿Quién sabe cuando te montas en un autobús sin pagar si es que ya lo has hecho antes en otro? Pues ole, ole y ole.

La entrada en las iglesias y basílicas es gratuita (aunque conserven joyas pictóricas o escultóricas en su interior del estilo del Moisés de Miguel Angel). Aquí en España ya se paga sólo por entrar en (casi) todas las catedrales. “Oiga que yo no vengo a hacer fotos, sólo quiero verla y rezar un poco” “Sí, sí, ya, ya, eso dicen todos. Saque el ticket, haga el favor”.

La comida es para conocerla también. Nos creemos que en España ya hemos probado el genuino lambrusco o la auténtica lasaña o pasta italiana. Nada de eso. Incluso los pájaros tienen un selecto paladar:

comida para gourmets plumiferos

Y la tele. Menos mal que pasamos muy poco tiempo en el hotel porque la tele es pa verla. Todos los canales son como Tele5 de hace 10 años multiplicado por 2. Sigue apareciendo Rafaella Carrá (¿o lo harán como en la peli de Al Pacino “Simone”?) y con la mínima excusa presentadoras que parecen portadas de PlayBoy (incluso presentando programas de fútbol que hacen la crónica de la jornada). Ya hasta me parece que la nuestra no está tan mal y que “La Noria” es un programa de debate con tertulianos de nivel.

Pues nadi. Que ya estamis de vuelti.

3 pensamientos en “Vacaciones en Roma

  1. Sí, sí… que en España te cobran por entrar en todo, pues vete a París. Ya no es que te cobren por entrar en todo y encima un güevo. Por ejemplo, en el Panteón te cobran 10 eurazos y encima cierran a las 18 p.m. Pero entras a las 17 p.m. después de cascar la entrada y a las 17:28 p.m. te van diciendo que humo conejo. Te van echando hacia fuera de las salas y las van cerrando según vas saliendo. Cuando te quieres dar cuenta estás en la puerta con cara de tonto a las 17:35 p.m. y el Panteón chapado. Y así en todos lados, para que luego nos digan Femita que todavía no es la hora de cerrar…JÁ!!!!!

  2. No dejas de asombrarme querido amigo…. Primero el Catalán, ahora el Italiano, eres una auténtica esponja para los idiomas (para el bebercio ya lo sabíamos).
    A la Iglesia no la vamos a descubrir ahora, llevan cientos de años haciendo lo mismo, son un poco como los banqueros… “Que ¿no tenemos liquidez? pues pedimos financiación”….

  3. Jejeje bonito dominio del italiano, garrotín… se nota que es una lengua latina, qué fluidez…

    Una puntualización: el síndrome que debes haber sufrido es el síndrome de Stendhal. Ése otro de la mandíbula desencajada es un síndrome común entre los pastilleros y esnifadores de cosas raras. ¿Te ha fallado el subconsciente? 😉

    No, es cierto. Pasear por Roma y descubrir sus rincones es algo fantástico, te sorprendes cada vez que doblas una esquina o entras en lo que (creías) una pequeña iglesia. Lo incluiré algún día en mi mundialmente conocida serie de “viajando ando”.

    P.D.- Corregí tus fotos (espero que no te importe) para que la gente pueda pinchar en ese bocata y admirar que estaba hecho de… ¿¿¡¡tallarines!!??

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