Anécdotas policiales (3)


Tercera entrega de esta singular saga policial, de las de verdad, no como las que ponen por la tele.

En esta ocasión, los hechos se remontan a una calurosa noche de principios de verano, alrededor del año 2000.

Para quien no lo sepa, yo soy alérgico al polen.  Es algo bastante desagradable ser alérgico al polen.  Lagrimeas, te pica el paladar (bueno, te pica todo el cuerpo), estornudas millones de veces, tienes sensación de tener arena en los ojos, no descansas bien por las noches lo que, unido a los puñeteros antihistamínicos, te hace ir medio dormido todo el día…

Pues en esas condiciones estaba yo trabajando junto con mi compañero.  Y él me debió ver tan mal que, aunque yo no quería, al final me llevó al centro de salud.  Allí me pusieron una bonita inyección de urbasón.  Sí, en el culo.

Poco después, el culo me dolía tanto que no podía aguantar más tiempo sentado en el coche patrulla y le dije a mi compañero que parásemos un momento en el ayuntamiento.  Al llegar allí me bajé los pantalones y busqué algún moratón cular, algún derrame que pudiese explicar el dolor que estaba sintiendo, pero no encontré nada: simplemente el urbasón duele mucho.

Cuando yo me encontraba con los pantalones en los tobillos, recibimos una llamada urgente informando sobre un robo en no sé qué lugar.  Como siempre, las prisas y a salir zumbando hacia ese sitio a ver si les pillamos con las manos en la masa.

Pero claro, yo tenía los pantalones bajados y tuve que salir corriendo a la plaza del ayuntamiento que, por más señas, estaba llena de gente porque era sábado por la noche y los chavales estaban de fiesta.

Así que el cuadro era el siguiente: la plaza llena de jóvenes de fiesta, se abre la puerta del ayuntamiento y salen dos polis, uno de ellos abrochándose los pantalones y cojeando visiblemente.  Los jóvenes se quedaron mirando y, es probable, preguntándose qué carajo estábamos haciendo allí dentro para que yo tuviera que salir abrochándome los pantalones y cojeando.

Moraleja: las cosas no siempre casi nunca son lo que parecen.

8 pensamientos en “Anécdotas policiales (3)

  1. ¡Hombre Alipio, qué gusto verte por aquí! 😀 Bienvenido a este humilde rincón, espero que lo encuentres lo bastante polémico como para debatir cosillas interesantes (que las hay, sólo hay que buscarlas) y polémicas.

    Un saludote.

  2. Jajajaja, pero me sigo quedando con la de la fuente.

    Por cierto mola más si sólo lees algunas partes. (Ej. Poco después, el culo me dolía tanto que no podía aguantar más tiempo sentado en el coche patrulla y le dije a mi compañero que parásemos un momento en el ayuntamiento. Al llegar allí me bajé los pantalones y busqué algún moratón cular, algún derrame que pudiese explicar el dolor que estaba sintiendo)

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