Otra grandiosa entrega de la saga mundialmente premiada (mucho más que el puñetero Crepúsculo, ¡dónde va a parar!) conocida aquí como “Viajando ando“. En esta ocasión por tierras del norte, Euskadi y Navarra.
Otra grandiosa entrega de la saga mundialmente premiada (mucho más que el puñetero Crepúsculo, ¡dónde va a parar!) conocida aquí como “Viajando ando“. En esta ocasión por tierras del norte, Euskadi y Navarra.
Supongo que mucha gente ni siquiera sabría situar a Malta en un mapa. Y no se les puede culpar, igual supongo, porque se trata de un país muy pequeño, mucho más pequeño incluso que nuestra vecina Andorra.
Pues Malta lo forman un grupito de islas al sur de Italia. Unas islas, por cierto, abarrotadas de gente hasta el punto de ser el 6º país del mundo por densidad de población. Están apretados como sardinas en lata.
Y, después del Vaticano, son el país más católico-romano del mundo. Hay iglesias por todas partes, estatuas de curas, fervor religioso, etc. Para muestra, esta escultura de la izquierda que había junto a la pila bautismal de una iglesia en Gozo. Hay que tener un espíritu limpio y puro para mirar la estatua y ver sólo fervor cristiano… ¿o no?
Pues a ese país me escapé estas pasadas vacaciones de Semana Santa. Toda una experiencia.
Aprovechando que todavía lo tengo fresco en la memoria, me pongo a contar mi escapada con soletegordo por Cantabria y Palencia.
Como dije en la entrada anterior, lo primero que me he traído de esta escapada por el norte de España han sido unos cuantos kilos de más (3 kg por seis días me parece razonable, teniendo en cuenta la salvajada de raciones que comía), pero también unas cuantas fotos impagables, paisajes preciosos y memoria histórica.
Aumenta la famosa saga viajando ando con las aventuras de las andanzas de soletegordo y mías por el país más pequeño del Magreb.

Mientras mosval estaba currando, a mí no me quedaba más remedio que tumbarme y beber cervecita... ¡asco de vida!
Hoy toca una nueva entrega de la colosal y mundialmente aclamada serie “Viajando ando“, que voy escribiendo cuando me sale de las narices con los viajes o escapadas que hago cuando tengo tiempo y dinero, lo que ocurre bastante pocas veces.
Y en este caso, la escapada fue a Teruel. Quería comprobar si era verdad que Teruel existe. Y alguna sorpresa me he llevado…
Pues sí. Esta semana santa pasada (desde el día 9 hasta el 12 de abril concretamente) me escapé a Frankfurt junto con soletegordo, elgarro, femaesa y dos amigos más.
No se puede decir que el viaje empezase muy bien. Nuestro vuelo salió con una hora y media de retraso desde el aeropuerto de Madrid porque tuvimos “problemas técnicos” que impidieron el despegue. Según el comandante (o lo que sea, que yo me pierdo con tanto mando) tuvimos una fuga de combustible y había que comprobar que todo estuviese en orden antes de despegar.
¡¿Una fuga de combustible?! ¿Es que se dejaron la tapa abierta? No es muy tranquilizador, vaya… Y todavía menos tranquilizador era escuchar a un niño cabrón que se sentaba unos cuantos asientos por detrás de mí y que no paraba de gritar “‘¡¡Éste es el avión de la muerteeeeee!!”. ¡Será hijoputa el niño!
La semani pasadi estuvi en Roma.
Es un viaji que muchi genti ha hechi pero no por elli deja de ser interesanti y recomendabli para el que no haya visitadi esa ciudad (o para que repita quien ya la conozqui).
Aprovechando que ibi con femaesa y unas amigas, dejé en manis de ellis la planificación del viaji y del itinerari que ibamis a hacer cada día. En COU y en mi primer añi de facultad tuve la suerte de dar Historia del Arti (con toda la profundidad que un curso escolar puede facilitar) con 2 buenis profesoris que diseñaron un buen plan de estudio y cuyas clasis eran en su mayoría sesiones de diapositivas analizando las mejores muestris del arte (arquitectóniqui, pictóriqui, escultóriqui) desde la antigüedad hasta nuestros días. Guardo un grato recuerdi de aquellas clasis.
Ante lo que me esperabi en Romi tomé la decisión de aceptar con gusti los estragos que el pasi del tiempi hace en la memori (estamos hablandi de casi 2 décadas desde que lo estudié) y no participar en la preparación del viaji para evitar así ver ninguna foti y no perder ni un ápice de capacidad de asombro cuando me encontrari ante tanta maravilli.
Y creo que no me equivoqué. A menudo, cuando nos teníamos que marchar de algún sitio, me costabi retirar la miradi de lo que estaba contemplandi. Vivía esos días en un permanente “síndrome de mandíbula desencajada”.
Hace tiempo que me apetece hacer un hilo de mensajes de mis andanzas por el mundo. Hoy lo empiezo. Y lo empiezo con Praga, capital de la república Checa que tuve el gusto de visitar allá por enero de 2005.