Tenía que ser un iPhone


Aquí el dueño del iPhone, antes de asistir al concierto

Estaba claro, no podía ser de otra manera.

Cuando leí por internet que, por primera vez en los 170 años de historia de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, después de más de 14.000 interpretaciones musicales, insisto, POR PRIMERA VEZ se interrumpió la interpretación de una obra a causa del molesto sonido de llamada de un teléfono móvil, lo primero que se me pasó por la cabeza fue: “¡Seguro que fue un iPhone!”

Pues no me equivoqué.

Imagino perfectamente las horas y horas que habría estado ensayando la Filarmónica, bajo la mirada de su director Alan Gilbert, para interpretar nada menos que la novena sinfonía de Mahler.  Semanas ensayando, acaso meses, afinando sus instrumentos, vistiendo sus mejores galas, durmiendo con nervios la noche anterior por si sonaba una nota más alta de lo debido en su clarinete o en su violín… todo eso interrumpido porque el mamarracho de turno se olvidó apagar su puto móvil (uy, perdón, quise decir “su iPhone” :mrgreen: ).

Todo, todo, todo eso interrumpido por el tono “marimba” de su (¡qué carajo!) teléfono móvil.

Fue preciso que el director de la orquesta se bajase del escenario y se dirigiese hasta el usuario manzanil para pedirle que apagase su teléfono, si ello fuera posible.  Cuando consiguió tal gesta, el público arrancó en aplausos y el concierto pudo, por fin, continuar.

P.D.- Sí, también he pensado que todo esto sea sólo una maniobra de marketing de Apple.  Siempre he dicho que los auténticos genios de esa compañía son los que trabajan en el departamento de marketing.