Una elección importante
Con la tranquilidad que me da el “ver los toros desde la barrera”, lanzo una pregunta que creo que muy poca gente respondería con sinceridad.
Si no lo tienes, imagina que tienes un hijo (si lo tienes, se siente, haberlo pensado antes jejeje) plantéate esta situación: tu hijo te pregunta qué debe hacer en la vida, si debe compartir todas sus cosas, pensar que la gente es buena, confiar en los demás, etc… o bien si debe desconfiar de los demás, ser competitivo, tratar de acumular posesiones, etc.
Tú, en tu calidad de padre/madre, sabes que si le aconsejas la opción de confiar en la gente y tu hijo sigue esa opción a rajatabla, muy probablemente se llevará muchos palos en la vida, su vida será muy humilde, se llevará enormes decepciones…
Por otro lado, si le aconsejas la opción de desconfiar de la gente y competir, tendrá más posibilidade de lograr reconocimiento profesional, mejor estatus económico y social…
Ahora responde a esta pregunta:
¡Ah, se me olvidaba! No me creo vuestras respuestas…
Dibujito: Este blog.
Cómo saludar a alguien recién conocido y no convertirte en gilipollas
Sí, incluso en el terrible caso en que ese alguien a quien acabas de conocer sea policía o guardia civil.
La educación de los niños
Yo no tengo niños. Ni ganas de tenerlos. Pero ésa es otra historia…
Lo que quiero contar hoy aquí es algo con lo que me he encontrado últimamente. Quizá (como estuve enfermo) haya estado más sensible, puede que en un efecto parecido al que les ocurre a algunas chicas con su menstruación. Puede ser. Pero ¿es que soy el único que se topa con centenares de niños malcriados y consentidos?
Niños no, gracias…
Me gusta viajar. Disfruto mucho de la compañía de soletegordo en un hotelito rural de Cantabria, haciendo la ruta del vino en La Rioja, cenando en algún sitio con encanto…
Por eso no me extraña que haya cada vez más hoteles, restaurantes y similares que no admiten a menores de determinada edad. Como éste. O éste. O éste…
A coger higos
Desde niño he sido “alto“. Y lo pongo entre comillas porque ese significado sólo tiene sentido cuando se compara con aquellos que me rodean. Es decir, yo soy alto en la medida en que suelo medir más que la mayoría de la gente a mi alrededor.
Ser “alto” es algo que llama mucho la atención a la gente, aunque no acabo de entender por qué. Supongo que sólo valoran las ventajas que tiene, pero nunca los inconvenientes (quizás porque no los han vivido, es lógico).
Ahora bien, yo me pregunto… ¿es eso suficiente para ser maleducado?
















