Mi amiga Ana me deja sin palabras


Ojo: la pasta dental y la hemorroidal son muy parecidas...

En una presentación al estilo “me llamo es Bond, James Bond”, ella debería presentarse así: “me llamo Ana, Almorr Ana”. Llevaba casi 2 años sin verla (ni ganas) y aquí la tengo de nuevo pegada a mi culo, literalmente.

Quizá sea un efecto secundario de mi imprescindible (hoy por hoy) cremita Ruscus Llorens que puede estar afectando a mi capacidad de razonamiento, porque no consigo entender cómo es posible que cada vez que me doy una crema en el culo, me afecte a la garganta. Pero así es. Me pica la garganta y me afecta a la voz.

Y ya es bastante con tener más aceite en el culo que en la caja de cambios de mi coche como para, además, soltar gallos mientras hablo.

El caso es que no puedo prescindir de la cremita. Ahora no, todavía no. Cuando haga mi examen de inteligencia artificial el miércoles de la semana que viene, ya no pasaré tantas horas sentado estudiando y, espero, mi amiga Ana pasará del tamaño de una almendra garrapiñada al de un grano de cacahuete, y luego menos.

Pero mientras tanto el dolor de culo me tiene frito. La tensión de los exámenes y de mi asistencia a las asambleas del movimiento 15M me está matando…