La venganza de los oprimidos
En mi trabajo hay un cabrón. Bueno, hay más cabrones que perros descalzos, pero en concreto hay uno que es un peligro: si te dejas el bocata sobre la mesa y vas a mear, te lo esconde (menos mal que siempre suele esconderlo dentro de la fotocopiadora); si dejas las llaves puestas en el patrulla y te descuidas un momento, él se encargará de poner la calefacción a tope (en verano, cuando más calor hace) o de poner el aire acondicionado a quince bajo cero (en invierno, cuando los pingüinos campan por la meseta castellana). Vamos, lo que decía, que está hecho un cabrón.![]()
El caso es que algunos ya estábamos tan hartos de él (pero tan hartos, tan hartos, tan hartos…) que decidimos organizar una resistencia. Y aquí están los resultados:
Ya lo sabes, Oruga (yo le “bauticé” así jejeje), ándate con ojo que estamos armaos y semos peligrozos…
Fuentes: hesaidwhatagain.









