Hoy tenemos anécdota con croquis incluido, por cortesía de Google Maps. ¿Crees que el ser humano no es borrico? Pues sigue leyendo…

El cuadrado rojo simboliza un bonito camión de doce toneladas al que se le había partido el eje delantero y se había quedado en esa posición, bloqueando completamente la calle, ya de por sí estrecha.
Como la rotura del eje se había producido a unos 10-12 metros desde la entrada de la calle, para evitar que nadie entrase y se quedase parado detrás del camión inútilmente (ya que era imposible mover el camión hasta que fuese retirado con una grúa especial), allí me planté yo, en el punto donde está la “X” azul.
Llegaron varios vehículos y yo los iba desviando hacia la flecha de la derecha. Hasta ahí todo normal. Hasta que llega un pinteño y planta su vehículo frente a mí, ignorando mis indicaciones de seguir hacia mi derecha (su izquierda) en el sentido de la flecha y, de paso, formando un buen atasco detrás suyo. Me acerco hasta su ventanilla.
- Buenos días, caballero. Gire por esta calle, que el paseo está cortado.
- No, yo voy ahí delante, no quiero girar a la izquierda.
El cúmulo de coches detrás de éste seguía aumentando…
- No me ha entendido. No se puede seguir de frente, la calle está cortada. Gire a la izqu…
- ¡Hay que joderse, hacéis lo que se os pone en los huevos! Tengo que girar a la izquierda porque a ti te da la gana ¿no?
Yo, con la mejor de mis sonrisas:
- No, por supuesto, puede usted continuar -le dije, mientras me apartaba y le dejaba pasar-.
El troglodita señor esbozó una sonrisa de satisfacción y avanzó unos metros hasta situarse detrás del camión averiado que, por más señas, se encontraba inclinado hacia un lado y rodeado por varios operarios. Cuando se detuvo allí, di paso a todos los coches de la retención que él mismo había formado detrás suyo (lo que llevó unos buenos minutos) y luego volví a acercarme a la ventanilla:
- ¿Sigue aquí? ¿No iba usted “ahí delante”? ¿Por qué no sigue?
Y el señor, rojo de ira pero incapaz de reconocer que había metido la pata, prefirió esperar detrás del camión durante casi una hora (hasta que pudo ser retirado por una grúa) antes que recular esos escasos metros y circular por donde yo le dije la primera vez.
Somos así de bestias. Algunos.