Carta abierta a un hijo de la gran puta
Querido hijo de la gran puta:
¿Qué tal estás? ¿Qué se siente después de atropellar a una joven y a su perrita, dejando gravísimamente herida a la primera y matando al pobre animal? Espero sinceramente que estés tan mal como sea humanamente posible.
No nos conocemos. Y, sin embargo, tenemos algo en común. Tú atropellaste a María y a Flo, su perrita. Mataste a Flo. Dejaste a María muy grave, quizá ni siquiera es consciente de lo que ha pasado. Yo, como soy policía, trato de ponerte nombre y cara.
Espero que ese día lo pasaras muy bien en Pinto, corriendo con tu Volkswagen por las calles y demostrando que las calles eran tuyas. ¿Sabes por qué lo espero? Porque será lo último que hayas disfrutado en tu miserable vida. Te vamos a coger, pedazo de cabrón.
Porque hay que ser un auténtico cabronazo para atropellar a una muchacha y dejarla tirada en el suelo como si fuera una mierda, sin dignarte siquiera a parar tu “cochazo” para ver cómo estaba. Hay que ser un auténtico cabronazo para vivir con esa culpa (que espero que te corroa por dentro) hasta el momento en que un poli te detenga y te lleve delante de un juez.
Te vamos a coger, no lo dudes. Acuérdate de estas palabras.
Y si no fuera así, si tuvieses tanta suerte que pudieras escapar tras haber hecho tanto daño (lo has hecho, hijo de puta, lo has hecho) espero que la culpa te acabe comiendo por dentro. Si no te pudiésemos ver la cara, te deseo el peor cáncer, el más doloroso. Te lo mereces, te lo has ganado a pulso con tu cobardía.
Disfrútalo, hijo de la gran puta. Siempre será mejor que tu destino en manos de los familiares y amigos de María.
Fuentes: odesk.com.










