Este fin de semana estuve en una exposición sobre Egipto (más info AQUÍ) junto con soletegordo, femaesa y el garro. La verdad, no me gustó tanto como esperaba. Quizá tenía demasiadas expectativas por haber visitado Egipto y enfrentarme cara a cara con la esfinge de Gizeh y las pirámides que defiende, el majestuoso valle de los reyes o la inmensidad del templo de Karnak. No sé, el caso es que la exposición me pareció un “mercadillo”: demasiada monedita, colgantito, botijito y chorraditas. Muy pocas estructuras colosales y figuras misteriosas, que es lo que me gusta de los egipcios.
El caso es que, hablando con el garro y femaesa, me dijeron que ellos habían ido la noche anterior a una exposición sobre Miró y que salieron decepcionados.
Yo no soy ningún crítico de arte ni tengo ninguna carrera de licenciado en arte. A pesar de eso (o quizá gracias a eso) puedo decir lo que pienso al respecto sin ningún problema: Miró me parece un cagarro. Así, con todas las letras.
