La peor ley en 30 años de democracia


Promulgar una ley que criminaliza a la mitad de la población española tan sólo por ser varones no puede ser algo que favorezca la igualdad.  Y es así puesto que, tras la entrada en vigor de esa ley, vale con la  palabra de una mujer para detener a un hombre.  Sin pruebas, no son necesarias.  Después lo serán en el juicio, pero no lo son para detenerlo.

Así lo veo yo, al menos hasta que alguien me demuestre lo contrario.  Trataré de explicar lo que ocurre en miles de casos cada día a través de un mini-relato.  Allá vamos…

(NOTA IMPORTANTE: los nombres usados y las situaciones descritas a continuación son ficticios, no corresponden con personas reales.  Las situaciones, por desgracia, no lo son…)

En primer lugar mi propia impresión: la discriminación positiva sigue siendo discriminación.  Y lo que es evidente es que, para que esa discriminación sea positiva para unos, debe ser negativa para los demás, es decir, la discriminación de toda la vida.  Eso sí, ahora ya no será una cuestión de costumbres, mala educación o similares, sino que serán las propias leyes las que bendigan esa discriminación.  En mi opinión, mal empezamos, muy mal.

En segundo lugar, analicemos qué ocurre paso por paso cuando se produce una denuncia por violencia de género.

Lo primero que puede ocurrir es que la denuncia sea verdadera… o que no lo sea.  Nos guste o no, lo cierto es que no todas las personas (varones o mujeres) somos buena gente.  Y si nos ofrecen toda una serie de facilidades para realizar una denuncia con la que obtendremos rápidamente varias ventajas incuestionables… hmmm… ¿podemos asegurar que no lo haríamos? Esto es injusto.  Y está motivando que surjan sitios en internet como éste.

La ley de protección integral establece unas medidas cautelares que, en algunos casos (según mi opinión) pueden producir el efecto contrario al deseado.  Ejemplo:

Art. 64.1: “El Juez podrá ordenar la salida obligatoria del inculpado por violencia de género del domicilio en el que hubiera estado conviviendo o tenga su residencia la unidad familiar, así como la prohibición de volver al mismo“.  Perfecto, salvo por una pequeña cuestión: si el agresor quisiera realmente matar a su pareja, ya sabe dónde encontrarla.

Veamos un ejemplo clásico de una situación que se repite mucho:

María se quiere divorciar de Roberto.  Tienen 2 hijos en común.  María es buena gente, Roberto también, sólo ocurre que ya no se quieren.  :(

Sin saber muy bien qué hacer, María se dirige a los servicios sociales de su ayuntamiento  para tratar de obtener algún tipo de ayuda y mantener a sus hijos en el colegio privado al que acuden,  allí le dicen “hmmm… peroooo… ¿has denunciado a tu marido?”.  María se queda perpleja.  Por qué debería denunciarle? Sólo quiere que sus hijos no tengan que cambiar de colegio, de amigos, perder el curso…

En los servicios sociales le informan de que hay partidas presupuestarias destinadas a esa clase de ayudas… para las mujeres maltratadas.  “Pero yo no soy ninguna mujer maltratada” dice María, “sólo quiero divorciarme”.  Y le responden “Bueno, pero con la denuncia ya TENDRÍAS DERECHO a esas ayudas.  Luego el juez que resuelva lo que sea, pero tú ya tendrías esas ayudas.  Además, ¿seguro que no te ha maltratado? ¿Nunca te ha insultado? ¿Seguro?”.

María se queda pensativa… “¿denunciar a Roberto? Ufff… yo no sé de leyes, pero no quiero que Roberto vaya a la cárcel.  Sí, los dos nos hemos insultado cuando discutíamos, pero los dos lo hacíamos.  Por cosas así es por lo que no podemos seguir juntos,  ya no nos queremos, pero… ¿denunciarle?”

Así que María decide consultar a un abogado experto en separaciones matrimoniales y divorcios.  Tras exponerle el caso, el abogado le plantea lo siguiente: “Mira María, puedes tratar esto por la justicia ordinaria (en cuyo caso, prepárate para esperar uno o dos años hasta que se resuelva) o puedes denunciar a Roberto.  En 72 horas tendrás la custodia de tus hijos, el piso será para ti (bueno, para tus hijos, pero los hijos serán para ti así que no te preocupes por eso), accederás a las ayudas sociales tanto de tu ayuntamiento como de tu comunidad autónoma, tus hijos no perderán su colegio… en fin, te ahorrarás mucho tiempo y papeleo, son todo ventajas, créeme”.

(INCISO: ¿Crees que esto es una exageración? Desgraciadamente no lo es.  Pero no me creas: si eres mujer, pregúntale a un abogado qué deberías hacer para divorciarte de tu marido y quedarte con la casa, los niños, la pensión, tener ayudas sociales… seguimos)

María se queda pensativa.  ¿También el abogado le recomienda que denuncie? Además, el abogado le dice que no se preocupe por Roberto.  Como él no tiene antecedentes penales (¿ya dije que era buena persona, IGUAL que María? ;) ) no irá a la cárcel.  María se queda más tranquila…

Lo que no le dice el abogado es que, aunque no vaya a la cárcel, sí que será detenido y metido en los calabozos.  Un detalle nada más, puro trámite.

El abogado tampoco le dice que, sólo con su denuncia, Roberto pasará a estar “fichado” no sólo por la policía, sino en el registro general de maltratadores.  Sí que le dice que no podrá vivir con él, aunque también le da alguna pista: “Mujer, si Roberto no tiene donde ir, puedes dejarle que viva en tu casa.  Si la policía o los del ayuntamiento te preguntan, diles que te da pena por ser el padre de tus hijos y, en cualquier caso, a ti no te pasará nada, no te preocupes”.

Pero, eso sí, deberá ratificar su denuncia ante el Juzgado.  Lo consulta con unas amigas y decide volver a los servicios sociales de su ayuntamiento, donde comienza el trámite de la denuncia.

Al día siguiente, Roberto se encontraba en su puesto de trabajo, una pescadería.  No dejaba de darle vueltas a su relación con María, ya no estaba seguro de querer seguir junto a ella, pero tenían dos hijos… ¿qué debía hacer?

Pensaba en ello mientras fileteaba una merluza, pero una voz le interrumpió: “¿Es usted Don Roberto XXXX XXXX?”.  Levantó la vista y vio a dos policías municipales que le miraban fijamente.  “Sí… yo soy… ¿qué ocurre?” preguntó nerviosamente, pensando que algún familiar había tenido un accidente de tráfico o que algo malo había ocurrido porque si no ¿para qué le iba a buscar la policía a su trabajo?

Los policías le respondieron con serenidad, adelantando una mano mientras con la otra palpaban la culata de su pistola “Tranquilícese por favor, y suelte ese cuchillo.  Tiene que acompañarnos”.  Roberto se dio cuenta entonces de que estaban mirando el cuchillo con el que fileteaba el pescado y lo dejó tiró sobre el mostrador con cierto susto, como si le quemase en la mano.  “Está usted detenido, acusado de un delito de violencia de género.  Tiene usted derecho a…”

La clientela de la pescadería se arremolinó en torno suyo. “Fíjate, con lo agradable que parecía… no se puede uno fiar de nadie…”

Pero Roberto no era consciente de eso.  De repente se vio con las manos engrilletadas a su espalda y siendo trasladado por la policía… “¿delito de qué?… pero… ¡pero si yo nunca he tocado a María!”.  Esto último ¿lo pensó o lo dijo en alto? Todo era tan confuso…

Roberto tuvo mala suerte.  Le detuvieron un viernes por la tarde, ya no le podrían presentar en el juzgado hasta el lunes por la mañana.

“¿Dónde están mis hijos? ¿Qué hago yo en la cárcel? ¡¡Tengo que hablar con María!!”.  Parece que esto último sí lo dijo en alto, porque los policías le dijeron que harían constar en su informe que el detenido lo estaba gritando, no se sabe con qué intenciones querría ver a su mujer, que el juez lo determinaría.

Su abogado (bueno, él no tenía abogado, ¿para qué querría uno si nunca tuvo líos con la justicia?) del turno de oficio llegó, pero no era como en las películas: no podía hablar con él.  Sólo estuvo sentado en una silla a su lado mientras los policías le hacían preguntas de toda clase.  “¿Has pegado a tu mujer delante de tus hijos? ¿Cuánto hace que esto ocurre? ¿Cuánto ganas al mes? ¿Tienes armas en casa?…”

Al terminar ese ¿interrogatorio?, su abogado le dice que el lunes volverá a verle en el juzgado, que se tiene que ir porque debe atender a otros detenidos.

“¿Ya está?” piensa Roberto. “¿Nadie quiere escuchar mi versión? Ya he dicho que nunca he pegado a nadie, ¿por qué no me dejan irme a ver a mis hijos? ¿Por qué me ha hecho esto María?…”

Las horas pasaban lentas en el calabozo… olía mal, ni siquiera pudo cambiarse, un tremendo dolor de cabeza le impedía concentrarse… no podía dejar de preguntarse por qué María le había denunciado.  ¿Qué pasaría ahora? Necesitaba descansar, pero ese dolor de cabeza…

Por fin llegó el lunes.  Apenas había dormido mientras duró su encierro en esa celda tan maloliente como él mismo (decir que su uniforme de pescadero apestaba era quedarse muuuuy corto) y las pocas horas que consiguió dormir, estuvieron plagadas de pesadillas y sobresaltos.

Muy cansado, mal alimentado, nervioso como nunca y asustado como un niño, pero con unas enormes ganas de que todo se aclarase en el juicio, Roberto y sus grilletes fueron trasladados al Juzgado de su ciudad.  Allí se encontró con su abogado del turno de oficio, quien le explicó lo que iba a pasar:

“Mire Roberto, la situación es ésta: está usted acusado de un delito de malos tratos.  Puede hacer dos cosas: admite una sentencia de conformidad en la que usted acepta una pena de prisión de 6 meses (no se preocupe, como no tiene antecedentes, no pisará la cárcel), orden de alejamiento, pensión alimenticia de 600 euros mensuales y derecho a visitar a sus hijos una vez cada 15 días… o bien no acepta esto y vamos a juicio”.

“Y qué me puede pasar si voy a juicio” pregunta Roberto.  El letrado le explica “Pues el artículo  153.1 del código penal establece de 9 meses a 1 año de cárcel,  y además existe la posibilidad de ser expulsado de tu ciudad, embargo de cuentas bancarias, pérdida de patria potestad, tutela, curatela, guarda o acogimiento hasta 5 años…”.  Roberto se puso blanco de miedo.  “¿Quiere decir que no podré ver a mis hijos en 5 años?”.  “Por supuesto, además de no tener voz ni voto en su educación y cuidados”.

No sabía si le aterraba la más la idea de perder la patria potestad de sus hijos, el hecho de no poder verlos y cuidarlos durante años o lo que sus hijos podrían llegar a pensar de su padre.

Y aceptó la sentencia de conformidad.  No podía arriesgarse a perder a sus hijos.  Ya saldría adelante como fuera.

Así que Roberto se fue de nuevo a vivir casa de sus padres.  Ahora no tiene trabajo estable (le despidieron de la pescadería, al parecer las clientas acusaban a su jefe de dar trabajo a un maltratador) y le cuesta mucho hacer frente a la pensión de sus hijos.  Incluso debe pedirle prestado dinero a sus padres para poder regalarle una bici al mayor, que cumplirá 8 años el mes que viene.  No se puede acercar a su antigua casa, lo que le ha hecho perder el contacto con muchas de sus amistades.  Pero al menos puede ver a sus hijos un fin de semana de cada dos. Es un hombre afortunado.

Por su parte María va superando sus dificultades económicas.  Entre la pensión alimenticia, las ayudas del ayuntamiento y su trabajo como limpiadora, puede permitirse comprar ese Seat Ibiza que tanto le gustaba.  Se acuerda de Roberto, pero no fue tan mal todo ¿no? Al fin y al cabo,  ella le quería dejar y él no fue a la cárcel.  Además puede ver a sus hijos cada dos semanas.

Todos contentos.  La ley funciona. ¿No? Así nos va… :(

Fuentes:Ley de Protección Integral, Código Penal, este sitio, sweden.se, unculeenlacorte, yagoarbeola, bolivialegal.

20 pensamientos en “La peor ley en 30 años de democracia

  1. Pingback: Ley Integral contra la violencia de género: ¿la peor de la democracia?

  2. lo de la discriminación positiva está muy bieeeen!
    puedes montar un bar en el que no admitas a minorias raciales, por ejemplo, con el argumento de que discriminas positivamente a la que te gusta.
    ¡genial!

  3. Tiene usted mucha razón… la cosa ha dado un vuelco “simpático”. Yo opino que la sociedad en sus conjunto aún tiene mucho que madurar, que creo que es posible pues mirar al pasado sirve como base para ello.

    El uso, por parte de la mayoría de la gente en la diferenciación de sexos, no por sus características biológicas sino por sus diferencias SOCIO-CULTURALES, para superar los problemas cotidianos (ejemplo: “es que las tías son así” o “los tíos solo piensan con la @*#&%”, cuando alguien lo deja con su pareja), PERPETÚAN todos los comportamientos machistas (porque no lo olvidemos, la sociedad al completo, y no solo los hombres, es machista), así como los comportamientos hembristas, no feministas, aunque el primero suele estar camuflado bajo la imagen moderna y luchadora del segundo. Por tanto, ese tipo de comportamientos día a día, que captan nuestros hijos y que además se les enseña con naturalidad, es el verdadero punto de trabajo así como la educación en general, para superar este tipo de problemas.

    Ahora bien, como todos preferimos dejar las cosas como estan, la ley, que tiende a adaptarse a los tiempos y en este caso a una manida opinión pública, termina por dar el hachazo como mejor puede, a diestro y siniestro, aunque aquí sólo ha recibido lo que parece ser el lado “siniestro” del asunto, el hombre por el mero hecho de ser hombre y tener todas las papeletas.

    En fin, es un tema largo y complejo así que dejo ya mi opinión.

    Un saludo desde Tenerife ;)

    Cualquier comentario: mairlam@hotmail.com

  4. Totalmente de acuerdo con usted, me gustaria poner su escrito en mi blog ya que me siento muy identificado (por supuesto citando su blog comos fuente) y linkear mi blog al suyo.

    Un saludo y enhorabuena por su fantastico blog.

  5. De pelota nada. Sabes lo que opino sobre el tema.
    Comentar que en mi opinión esta ley ha salido adelante gracias a la enorme presión mediática que hay sobre el tema. Pero realmente el peligro de esta ley viene dado en que se mezclan medidas penales con civiles.

    Por cierto, AÚN me quedan más vacaciones que a ti.

  6. Pingback: ¿Por qué lo llaman “Igualdad” cuando quieren decir “Mujer”? « En vez del psiquiatra…

  7. Bueno, la verdad es que hay mucho que comentar aqui.
    En primer lugar si alguien va a servicios sociales porque se quiere divorciar y alguien de alli le recomienda que denuncia a su marido sin ser maltratado, lo que debería hacer es denunciar a ese alguien. Primero porque es ilegal incitar a un delito, como es hacer una denuncia falsa, en egundo lugar al colegio profesional del individuo porque eso va contra cualquier código deontológico y para terminar poner una queja (en registro, si es en el mismo centro no sirve para nada)por lo ya mencionado de la institución en la que trabaje.
    Y lo de la discriminación positiva sigue siendo discriminación, es cierto. Pero dicho principio está recogido en la misma Constitución y parte de la base de que existe la igualdad legal pero no real, para mujeres u otras minorías (el término minoría no se refiere a un menor número en la sociedad, sino a un grupo social que asufre discriminación efectiva, por ejemplo los negros en el apartheid tenían un mayor número que los blancos pero se les consideraba una minoría por el trato que sufrían). Las mujeres aún siguen siendo discriminadas de hecho y de forma visible e invisible y la discriminación positiva se aplica para compensar este hecho y que salga como resultado una igualdad real. Ojalá, algún día no sea necesaria.

  8. Hola Garbanza, bienvenida y gracias por comentar :)

    Lo de denunciar es algo que corresponde a quien le ocurre. Conozco un caso de primerísima mano en lo que ocurrió todo esto y ¿adivinas? No quiere denunciar. ¿Por qué? Pues porque le supondría quebraderos de cabeza que nadie anda buscando.

    He conocido a un montón de personas que, en caliente y con la situación delante, juran y perjuran que van a denunciar esos hechos. Pero luego se enfría la cosa, se lo piensan dos veces y acaban llegando a la misma conclusión: ¿para qué me voy a meter en líos? Por eso no se denuncia.

    Pero siendo mujer tienes la prueba bien fácil y al alcance de tu mano. Sólo acércate a los servicios sociales de tu ayuntamiento y di que estás harta de tu marido y que te quieres separar, pero que quieres quedarte con tus hijos. A ver qué te dicen.

    Y mucho más si acudes a un abogado. Los abogados, en contra de lo que mucha gente piensa, no buscan la verdad. Lo que buscan es que su cliente gane. Y la mejor manera de que eso ocurra hoy día es que denuncie a su pareja por malos tratos físicos o psicológicos (QUE TIENEN EL MISMO CASTIGO). Inmediatamente entra en juego la ley de protección integral y su marido está en la calle, pagando pensión, con orden de alejamiento, etc… y si se pone tonto, es probable que no pueda ver a sus hijos, así que tampoco suelen rechistar mucho.

    Es indignante, de verdad lo pienso. Y no hablo de oídas, he visto esto en más ocasiones de lo que desearía.

    Lo de las minorías que comentas es totalmente cierto. Lo que ocurre es que, como consecuencia de esa ley, ahora la minoría es el varón porque tiene una ley que le trata como culpable sin apenas necesidad de demostrar nada.

    Creí (ignorante de mí) que se trataba de encontrar la igualdad entre varón y mujer. Pero ahora me da la sensación de que no es así. Se trata de venganza.

    Saludos Garbanza. Espero no haberte asustado ;)

  9. jajaja. En absoluto.
    Lo de los servicios sociales lo conozco, de hecho trabajo en entrecha colaboración con ellos (soy trabajadora social). Lo de las denuncias me parece normal que la gente no se quiera meter en líos, pero también me parece indignante que haya gente, profesionales que actuan así, y si los afectados no denuncian nada va a cambiar. Es muy típico en nosotros quejarnos pero luego no mover un dedo para solucionarlo. En ese caso yo suelo decir que si no te mueves no te quejes.
    Yo por suerte no he tenido la desgracia de cruzarme con ninguno. De hecho los casos de malos tratos que llevo están bien documentados y en ocasiones sucede al contrario, que la persona no quiere denunciar. Lo de los maltratos psicoóligos me parece acertado que tengan el mismo castigo, porque lo psicológico afecta de forma más honda y duradera a las personas aunque sea menos espectacular. Por supuesto tienen que estar probado, porque es cierto que conozco algún que otro caso de denuncias falsas. Las cosa es que no creo que deban difundirse mucho estos casos porque son anecdóticos y quitan veracidad y fuerza a los reales y hará que se desconfíe de las victimas y demos pasos atrás en este aspecto. ( y yo soy de las que defienden los derechos de los hombres maltratados, que los hay)
    No conozco lo suficiente el contenido de la ley para opinar, pero no creo que convierta al hombre en una minoría. pero como digo, no lo conozco lo suficiente. Me informaré y ya te comentaré.
    Gracias por la bienvenida y siempre es reconfortante asistir a un buen debate. :D

  10. ¿Así que eres trabajadora social? ;) Entonces curramos casi codo con codo, porque yo soy policía. Por eso te digo que hablo de primera mano, no de oídas.

    Has dicho algo que es fundamental: hay muchas que no quieren denunciar.

    ¡¡EXACTO!! De veras, es algo importantísimo. Cuando llega una mujer asustada, preguntando qué puede hacer, que le cuesta mucho explicarte su problema (que en los malos tratos no es un problema, es un auténtico drama) entonces es cuando uno se da cuenta de que está ante un caso real.

    Pero no es nada extraño, incluso te diría que es más usual, que también llegue a denunciar una mujer perfectamente tranquila, con las ideas muy claras y sabiendo en qué puntos debe hacer hincapié. Y no, no es por las campañas de la TV que animan a denunciar, eso no le quita los nervios a una mujer maltratada. En mi opinión, hay demasiados casos en los que se lleva el papel bien aprendido tras el paso por el abogado. Incluso en alguna ocasión, mientras una mujer manifestaba, su hijo pequeño (que estaba con ella) iba diciendo “pero mamá, si eso es mentira…”

    Me alegra muchísimo que quieras informarte para conocer la ley. Me gustaría todavía mucho más que pudieses conocer los procedimientos policiales y judiciales. No son nada “libres” en el sentido de que tanto la policía como el juez tienen marcado un sendero estrechísimo del que no deben sacar ni un pie, sin apenas margen de actuación.

    Yo mismo, como policía, si creyese que una mujer está poniendo una denuncia falsa NO ME ATREVERÍA A DENUNCIARLA. Así están las cosas. Después de todo, podría equivocarme y lo más seguro es que tuviese repercusión mediática y acabase teniendo muy muy muy serios problemas en mi trabajo.

    Por tanto, recojo la denuncia, sigo el sendero y que el/la juez decida.

    Llegados a ese punto ¿qué crees que hace el/la Juez?

    Por cierto, muchas gracias por el debate. De veras que pienso que lo que hace falta es hablar las cosas.

    Un saludo :D

  11. buffffff. Me parece superpeligroso que se equipare el estar tranquila a no ser maltratada. Y que alguien tenga en la mente que puede ser falso también.
    Hay que analizar las cosas y llegar al fondo, no te puedes quedar con una impresión y de ahí deducir que alguien ha pasado, o no, un infierno.
    Lo de que todos hacen lo que se supone no creo que sea cierto, yo he visto un monton de resoluciones y son todas diferentes y en muchos casos injustas para con ellas.
    y lo de las campañas, el público diana son las mujeres maltratadas, sí, pero también la sociedad, a la que hay aún que concienciar mucho. Ideas como esta de denuncias falsas hace que demos muchos pasos atrás. Las hay, por supueso, pero son una minoría y justo hacer publicidad de ello es limitar las posibilidades de las verdaderamente machacadas.

  12. No me has entendido. No equiparo estar tranquila con no ser maltratada, pero creo que alguien que está sometida a una tensión familiar constante, que seguramente se ha planteado en muchas ocasiones dejar a su pareja, que tiene miedo a saber qué pasará con sus hijos… no es extraño que se sienta nerviosa cuando acude a la policía a denunciar. De hecho, hay mucha gente que se pone nerviosa SÓLO POR HABLAR con un policía, así que si encima va a denunciar algo muy serio que, además, afecta a su intimidad personal y familiar, pues no sería nada extraño que estuviera nerviosa.

    No obstante, claro que puede haber personas que denuncien malos tratos como el que denuncia haber perdido el DNI, pero no lo veo comparable.

    Estoy casi de acuerdo contigo en algo. Tú dices que ideas como la mía (sospechar de denuncias falsas, algo que en principio no debería ser descartable respecto de NINGUNA denuncia) nos hacen dar muchos pasos atrás.

    Yo creo que lo que realmente nos hace dar pasos atrás es aprobar leyes absolutamente discriminatorias por cuestión de sexo y, casi peor, dar la posibilidad legal y mediática de “castigar” a tu pareja (sólo si es varón) en cualquier momento. ¿Que has pillado a tu marido en un puticlub? ¿Que ya no le quieres? ¿Que te quieres divorciar porque has conocido a otro tipo pero no te apetece meterte en los largos juicios de divorcio para quedarte con la casa, los niños, la pensión, etc? Si eres mujer lo tienes fácil: basta con poner una denuncia por malos tratos psicológicos y todo eso lo habrás conseguido en un plazo de 48 a 72 horas.

    ¿Y no puedo decir que me parece injusto? Pues no me puedo callar, si no lo digo reviento.

    Recuerdo que alguien me dijo que merecía la pena que algunos inocentes pasen el fin de semana en el calabozo y que pasen a tener antecedentes penales a cambio de salvar la vida de muchas mujeres.

    Yo pienso:

    1.- Si se salva la vida a MUCHAS mujeres, entonces serán MUCHOS hombres y no sólo “algunos” ¿no?

    2.- Como probabilísticamente es poco menos que imposible que todos esos hombres denunciados acabasen matando a su mujer, entonces la proporción de “algunos” que pasó a ser “muchos”, en realidad debería ser “muchísimos”.

    3.- Lo que realmente me preocupa, además de la evidente discriminación por sexo (que hay que ser valiente para reconocerla, igual que en su momento se reconoció la discriminación hacia la mujer) que supone el tratamiento legal actual, es el recorte de libertades. Me explico: dado que hay cientos, miles de muertes en la carretera cada año ¿por qué no detenemos a los varones que sean denunciados por sus mujeres porque dicen que conducen de forma temeraria? Si fuese igual que con esta ley, sólo con su testimonio les buscaríamos en su lugar de trabajo donde les detendríamos, les ficharíamos, pasarían a un registro central de conductores potencialmente peligrosos (que se plantearía hacer público en internet, para que todos sepamos quién es nuestro vecino), les privaríamos del uso de su coche, les obligaríamos a no acercarse al coche de su propiedad (lo que implicaría que no podrían vivir en su casa), se les podría bloquear las cuentas hasta que se aclare si son o no peligrosos (más vale que tengan algún familiar que les eche de comer, porque si no…), se les sometería a un juicio en el que antes de entrar tu propio abogado de oficio te dice que, como no aceptes la sentencia de conformidad (con la que te declaras culpable de lo que se te acuse con tal de tener una pena reducida) te puedes enfrentar a varios años de cárcel…

    ¿Es descabellado? Yo creo que sí. Pero también lo creo para el caso de la ley integral. Quizá mucho más, puesto que prohibirte acercarte a tu coche no debe ser comparable a que te prohíban acercarte a tus hijos.

    Si hacer publicidad de esas denuncias falsas (que en mi humilde opinión son muchas más de las que crees) es limitar las posibilidades de las verdaderamente machacadas, de veras te digo que no es esa mi intención. A la mujer REALMENTE maltratada hay que ayudarla de forma real y efectiva. Pero tratar a su pareja, por el mero hecho de ser varón (ojo, las parejas de homosexuales no pueden acogerse a esta ley, otra discriminación) como si fuese un clon de Charles Manson no creo que sea la solución.

    Y, por supuesto, no pienso dejar de decir aquello que me parezca injusto. Para eso comencé este blog, para poder limpiar de mierda mi cabeza.

    Saludetes. :)

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